“ETERNA INFANCIA”


Este texto ha sido parte de una Charla para Padres: "AFECTIVIDAD Y AUTONOMIA: ¿Qué le estoy Trasmitiendo a mi Hijo?"

A muchos hijos se los sigue tratando como bebés aún teniendo una edad avanzada: niños con chupete, que toman mamadera, con pañales, que duermen en cama de sus padres, que no saben vestirse solos. Si bien algunos padres tienen conocimiento de lo perjudicial que pueden resultar estas actitudes, no siempre hacen el esfuerzo por dar lugar al crecimiento

Algunos padres que fueron muy disciplinados y motivados con sus primeros hijos, al enfrentarse al nacimiento de otro niño, llegan con un cansancio acumulado, que no ayuda a inventar estrategias para dar el paso a nuevas etapas. Los padres se “ablandan” y “dejan ser”, a pesar de los costos que esto signifique.

Otro motivo que produce esta actitud, es cuando la vida cotidiana se ha configurado en función de la enfermedad de un hijo. Las angustias, temores e incertidumbre que viven los padres, dificultan la posibilidad de distinguir entre un capricho habitual y un dolor físico, lo que interfiere en la capacidad para establecer límites. Esta situación va ubicando al niño en un lugar de debilidad y dependencia que retarda su madurez.

Cuando los padres son muy aprehensivos y controladores, inhiben la espontaneidad y experimentación de su hijo. Hablan por ellos, evitan que se caigan, no permiten que suban a algunos juegos ni que se muevan libremente. Estas limitaciones podrían influir en la adquisición del lenguaje, y en las habilidades corporales y sociales que desarrolle el niño, lo que va produciendo sentimientos de inseguridad, de incapacidad y complejos de inferioridad que afectarán en la vida adulta.

Hay padres que tienden a ser apresurados y que les cuesta tener la paciencia para seguir el ritmo particular de su hijo. Como los adultos son más rápidos para hacer las cosas, es más fácil realizarlas por ellos. La agitada vida cotidiana obliga a ser eficiente y muchas veces resulta menos cansador continuar con las mismas rutinas en vez de hacer esfuerzos por cambiarlas.    

El control por parte de los padres, a veces se relaciona con una actitud de posesividad. Hay madres que manifiestan querer concebir un hijo para “tener algo mío”, otras quieren asegurarse una compañía que las cuide en la vejez. Cuando estos niños son pequeños no se les permite salir de la casa ni tener amigos, cuando son adultos los siguen tratando como niños, impidiéndoles la vida social, estudiantil o la salida natural del hogar.

Todas estas situaciones van produciendo inseguridad, tendencia a la comodidad e incluso debilidades físicas, que limitan las capacidades de los hijos para desarrollar sus propios recursos. Se va creando un círculo vicioso, ya que el niño tampoco siente una necesidad de crecer y se va ubicando en un lugar de eterna infancia, en la cual él mismo va construyendo su identidad a partir de estos conceptos.

Muchas veces el crecimiento implica pataletas, desvelos y malestares, en función de un objetivo a largo plazo. Aunque en ocasiones resulta difícil y cansador, es necesario pasar por este proceso, con el fin de permitir que el niño vaya descubriendo y utilizando sus propias herramientas y que éstas puedan transformarse en habilidades para la vida.


Ver más: Charla "AFECTIVIDAD Y AUTONOMIA: ¿Qué le estoy Trasmitiendo a mi Hijo?"


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